Crêperie Iguzkian (Hendaya): No todo vale para un celíaco

Las enfermedades y las intolerancias alimenticias hacen que lo que para unas personas es un alimento delicioso, para otras pueda convertirse en una pesadilla. Esto es, por ejemplo, lo que sucede con la enfermedad celíaca.

En la carta, los calamares aparecen marcados como «sin gluten» pero, al parecer, los empleados no saben que es una errata.

Es cierto que cada vez son más las marcas y los establecimientos que han tomado conciencia del problema y ofrecen para estas personas alternativas saludables. Concretamente, productos o elaboraciones sin gluten. El problema surge cuando un establecimiento ofrece productos sin gluten, pero es incapaz de informarse previamente de lo que afecta a los celíacos. Por ello, no dan importancia a problemas graves, como el de la contaminación cruzada. O no informan a sus trabajadores del tema y estos, probablemente sin mala intención, pero con un desconocimiento total del problema, son capaces de hacer peligrar la salud de los celíacos, al asegurarles que un producto no contiene gluten, cuando sí que lo tiene.

Viene todo esto a cuento de lo que nos ha ocurrido en la crepería Iguzkian, en Hendaya. En su carta tienen numerosos productos marcados como «sin gluten», además de explicar que trabajan con trigo sarraceno (que no contiene gluten). Debido a ello, elegimos este restaurante para cenar, ya que uno de los cuatro comensales es celíaco.

Cuando nos atendieron, explicamos a la camarera el problema e hicimos el pedido. Lo primero que tomamos fueron unos calamares fritos, marcados en la carta como «sin gluten». Cuando nos los trajeron, al ver que eran rebozados, preguntamos, asombrados; «¿Y son sin gluten?». La camarera, sonriendo, nos aseguró que así era.

Para el postre, y como los crepes dulces contenían gluten, la persona celíaca pidió unas fresas con azúcar. Nuestra sorpresa fue cuando, sobre ellas habían depositado una galleta María. Se lo hicimos notar a la camarera, diciéndole que eso tenía gluten, y lo cambió por otra ración, sin galleta, aunque puso una cara de extrañeza por nuestra reclamación, demostrando su total ignorancia acerca de la contaminación cruzada.

Ese fue el primer momento en el que dudamos de la profesionalidad de Iguzkian, al menos en lo referido a los problemas alimentarios.

Pese a todo, y como los calamares nos habían gustado, volvimos dos días después. Pedimos los calamares y le volvimos a explicar al camarero que debían ser sin gluten. Un momento después vino a decirnos que no era posible, que los calamares tenían gluten. Como no nos lo podíamos creer, pensamos que había sido un error de interpretación (en la carta aparecen otros calamares que no están marcados como «sin gluten») y le señalamos los que queríamos, recalcando que en la carta estaba marcado que eran sin gluten y que dos días antes nos los habían servido y nos habían asegurado que así era. Lo consultó y nos volvió a decir que no, y que lo de la carta era un error de imprenta. Es decir, una errata que, por lo visto, desconocían sus empleados.

Por supuesto, en la crepería Iguzkian no son conscientes de la gravedad que puede tener esta actitud y lo que puede suponer que un celíaco se contamine comiendo uno de sus productos marcado erróneamente.

Pero todavía hay más. Al dirigirnos al establecimiento por medio de Messenger, nos contestan diciendo que ya nos han dicho que era un error de imprenta. obviando que en la primera ocasión no nos informaron de ello, sino, muy al contrario, nos aseguraron que era sin gluten. Y, con un ejercicio de prepotencia absoluta, añaden que, además, como en nuestro país son habituales las rabas, ya sabemos que tienen harina de trigo y que eso tiene gluten. Algo que es falso en parte, ya que hay establecimientos que ofrecen rabas que, al no estar rebozadas con harina de trigo, no contienen gluten. Pero esto ocurre en establecimientos serios, algo que la crepería Iguzkian, de Hendaya, ha demostrado no ser en absoluto.

Para acabar de arreglarlo, la crepería se permite el lujo de insultarme (algo que, por cierto, es una actitud que ya esperaba, pues había visto que era su forma de proceder cuando recibe críticas) por publicar nuestra experiencia en las redes sociales.

En fin, no todo vale. Y pretender hacer negocio con una enfermedad, como la celíaca, sin conocerla en absoluto no solo es una grave irresponsabilidad, sino una falta de profesionalidad enorme. Y, además, me hace pensar que, si un problema tan grave se lo toman tan a la ligera, ¿qué no harán en el resto de sus productos?

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